Una semana en Roma o cómo sobrellevar el Síndrome de Stendhal

Aterrizas en Fiumicino y entras a Roma con una semana por delante pensando que vas a ver hasta el dormitorio de Trajano…y en realidad no llegas apenas a pasar de la superficie.

Estas notas resumen lo que más me gustó de Roma, no necesariamente lo más conocido ni lo más desconocido.
Para empezar la acumulación de arte y genio es abrumadora, así que uno acaba dando un paseo y cruzándose con un palacete tras otro sin que parezca haber fin.

Nuestro primer paseo en Roma empezó en La Plaza de España, escaleras arriba roma2hacia Villa Borghese. Al final de Viale della Trinità dei Monti está la Casina Valadier y un poco más allá Il Pincio desde el que hay una vista excelente de Roma con La Piazza del Popolo a los pies.

 

 

 

En comparación pocos turistas. En la Piazza empieza La Via del Corso, nada especial salvo hasta llegar a la Piazza Colonna (eso sí, reseñar que Inditex también ha comprado inmuebles en Roma).
Los edificios públicos no están apenas identificados así que en la Piazza Colonna se juntan el palacio del primer ministro, el parlamento y la columna de Marco Aurelio. La sensación de que no cabe más historia en tan pocos metros cuadrados es ya agobiante de aquí a la Piazza Venezia. El monumento a Víctor Manuel se ve al final de la Via del Corso y le da a la calle una sensación de cerramiento casi teatral, con iglesias barrocas a ambos lados de la vía hasta llegar a Piazza Venezia.

El monumento a Víctor Manuel con toda su espectacularidad no deja de ser un “estorbo” que separa la Roma de Constantino y Trajano de la Roma de Bernini y los palacios y esculturas. Es sin duda imponente, pero justo detrás está el Foro e incluso se podría ver el Coliseo, y a la izquierda está la columna de Trajano con su relato de la conquista de la Dacia. Este relato, en forma de historia dibujada que recubre la columna de abajo a arriba, es de lo que más me impresionó de Roma. Merece acercarse y admirar la minuciosidad de los romanos en ilustrar su grandeza.

A la derecha del monumento a Víctor Manuel y subiendo una escalinata está Campidoglio, plaza realmente bella, con un despliegue de esculturas. Se entremezclan la Roma antigua, la renacentista y las referencias a la unificación de Italia. Justo detrás hay dos miradores que permiten ver el Foro, el Palatino y el Coliseo al fondo.

El segundo paseo, por llamarle de alguna manera, que recomiendo es el de los alrededores de la Piazza Navona. Es en sí misma ya un sitio con un encanto indiscutible, competencia entre Bernini y Berronini y rodeada de calles con numerosas iglesias. En la Vía dell’Orso está Orso80, restaurante con platos locales que nos pareció excelente. Carta variada y comensales locales, trato amable y posibilidad de salir de la dieta de pasta/pizza que acaba saturando. Recomendado por nuestro buen amigo Manolo Noya.
Pero volviendo al arte, alrededor de Piazza Navona se acumulan los sitios para admirar: el Palazzo Madama (sede del senado), la iglesia de San Luigi dei Francesi y por la Vía de Justiniano se llega al Panteón. A pesar de su conversión en iglesia, lo verdaderamente impresionante es su cúpula y sus dimensiones para un edificio de hace dos mil años. Austero y geométrico, da una idea de la grandeza de Roma
Aquí, casi enfrente encontramos una heladería estupenda de la que no recuerdo el nombre, pero que está en la esquina de Via dei Pastini con la plaza del Panteón.
Desde el Panteón en dirección a la Fontana de Trevi hay numerosas iglesias barrocas. El problema es que la Fontana está siendo restaurada y la verdad es que no merece la pena la acumulación de turistas para ver solo una parte de las esculturas. Algo similar pasa en la Plaza de España, que también está siendo restaurada.

Nosotros visitamos el Coliseo con un guía de grupo. Merece la pena el guía, aunque la aglomeración de turistas en esta parte de Roma es enorme. Coliseo más Palatino y Foro llevaron unas tres horas, así que recomiendo llegar al Coliseo lo antes posible. Se puede llegar perfectamente andando desde Piazza Venezia al Coliseo por la Avenida del Foro Imperial, cortesía de Mussolinni.

Mención aparte merecen las iglesias, algo que siempre me gusta visitar allá donde vaya. Están las grandiosas (Santa María la Mayor, San Pietro in Vincole donde está el Moisés de Miguel Ángel, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros) y las más “modestas” de las cuales no doy referencia alguna porque es interminable. Sí es necesario resaltar que se cumple bastante a rajatabla la prohibición de mostrar los hombros y rodillas, así que hay que planear bien a dónde se quiere ir.

Tres reseñas más de lugares preferidos.
Primero la visita al Vaticano. A los museos vaticanos es obligado visitar con guía. De hecho es muy aconsejable buscar visitas incluso privadas dado que el número de turistas es enorme. Finaliza la visita en la basílica de San Pedro, grandiosa y repleta de historia.
Segundo un pequeño recorrido que comienza en el Mercato di Campo dè Fiori y siguiendo por la Via dei Baullari se llega a la Piazza Farnese donde está la elegante embajada francesa. Rodeando la embajada se llega a la Via Julia, una calle realmente preciosa. Justo detrás de la embajada la casa donde vivió la madre de Napoleón. Es un recorrido corto pero tanto la plaza de Campo dè Fiori como la plaza Farnese son muy agradables y no tenían la aglomeración de otros sitios.
Y por último El Trastevere. Para relajarse por la tarde & noche. Multitud de restaurantes y locales de copas, precios muy razonables y ambiente muy relajado. Además desde el Puente Mazzini hasta la Isla Tiberina la ribera del río está convertida en una especia de paseo marítimo con multitud de locales que sirven comida más o menos elaborada pero que es ya un paso más allá de la tópica pizzeria.

Aspectos prácticos: el metro solo merece la pena para recorridos de 4 estaciones o más, las distancias son bastante cortas. El bus es mejor, pero la frecuencia de paso es un misterio.

Sitios para comer: nos dejamos llevar por consejos de amigos, así que descubrir, descubrimos poco. Nos pareció bueno un restaurante llamado ‘Gusto que está junto al mausoleo de Augusto, en Largo dei Lombardi, un pasaje que da a la Via del Corso. Ya he mencionado Orso80, excelente. Nos decepcionó Giggetto en el barrio judío, famoso por las alcachofas pero quizá centrado ya excesivamente en los turistas americanos. Y dos recomendaciones (una en el número 18-19 de la Via del Governo Vecchio y la otra Fiammetta, en la Piazza Fiammetta, ambas cerca de Piazza Navona) estaban cerradas por vacaciones, en sí mismo un buen signo.

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