El Rey que no enamora. Final NBA 2016 Golden State Warriors-Cleveland Cavaliers

Decía Maquiavelo que el Príncipe debe buscar ser temido, antes que ser amado.

 

¿Qué es lo que hace tan difícil amar a LeBron James? En este post no voy a usar cifras, resulta ya redundante repetir las estadísticas del mejor jugador de baloncesto desde que se retiró Michael Jordan.

Esta última frase representa un muro infranqueable para casi todos los periodistas deportivos del mundo. La falta de empatía de LeBron James con la raza humana es evidente. Su físico es sobrehumano, así que la abrumadora mayoría de los mortales no se pueden identificar con él. En buena parte esa ha sido la fórmula mágica de Steph Curry: él es un “tío normal”, alguien con quien uno se puede identificar. LeBron no. James se ha pasado su vida rompiendo los límites. Primero pasando del instituto directo a la NBA. Primera avalancha de críticas por no ir a la universidad, hipocresía de quien no quiere reconocer que posiblemente James fue más honesto cruzando al profesionalismo con todas las de la ley. No está la NCAA como para presumir de ideales y atletas/estudiantes (ver mi post sobre el basket universitario y North Carolina).

Después vino su desafortunada e infantil manera de anunciar su marcha de Cleveland a Miami. El reality que organizó para anunciar su marcha a Miami (ver en youtube) fue sin duda su punto más bajo de popularidad. La intoxicación de ego le llevó al límite. Y ahí empezó a remontar.

En Miami le acusaron de formar un equipo de estrellas para ganar el título (¿?). El acusador fue ni más ni menos Michael Jordan. Es de suponer que Pippen, Grant, Rodman, Kukoc y Harper eran jugadores del montón. En Miami es donde James se hace hombre, en lo deportivo y en lo personal. No hay que olvidar de dónde viene este jugador, de madre soltera y que en su niñez vivió en la pobreza.

Y voy a pegar un gran salto e ir directamente a los últimos dos años en Cleveland. Muchos nos preguntamos por qué dejaba Miami. Su compañero Wade aún estaba en gran forma y se podía retocar el equipo, además Miami es una franquicia poderosa. Pero no, James quería romper otro límite. Esta vez hacer campeón a Cleveland, el equipo de su tierra. Y esta vez sí fichó un equipo para ganar el título. Irving, Love, varios refuerzos austeros pero de relumbrón, las piezas se fueron colocando.

Pero por encima de todo ha sido él quien ha subido un peldaño en su juego. Hay jugadores que cuando reciben el balón buscan ansiosamente qué hacer con él, pasarlo o depositarlo dentro del aro. Solo unos pocos, muy pocos, levantan la cabeza y observan el juego como si el tiempo fuera suyo, como si su siguiente movimiento no dependiera de su defensor ni de sus compañeros, solo de ellos mismos. James es uno de ellos, para el tiempo majestuosamente y decide qué hacer. Un pase, una penetración, un tiro cayendo hacia atrás, un tapón, el abanico es cada vez más amplio.

Después de una temporada entera en la que se ha hablado extensamente de un nuevo baloncesto y de cambios trascendentales en la forma de jugar (small ball, los triples…) para mí LeBron James representa la auténtica novedad. Si Jordan era el control absoluto, Magic la creatividad y Bird la competitividad, James es el jugador total, el de la posición indefinible. Eso es lo que le hace tan lejano, tan inhumano. Por fortuna el tiempo le ha hecho más asequible, así como la derrota del año pasado en las finales.

Pero poco a poco parece que quienes escriben le van concediendo un poco de margen, un poco de espacio en la historia.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s